sábado, 25 de agosto de 2018

Ciencia y tecnología al servicio del rendimiento físico

Ciencia y tecnología al servicio del rendimiento físico:

Bolt en su pista del siglo XXI, 100 metros de una superficie de goma lisa y antideslizante, diseñada para devolver rápidamente la energía a sus piernas durante la carrera.



Y Owens en su pista de entreguerras, una capa irregular de ceniza, una superficie blanda que de hecho roba energía a sus piernas mientras corre.



Bolt, el velocista jamaicano ganador de ocho oros olímpicos y titular durante casi un decenio de los récords del mundo de los 100 y 200 metros lisos, calza unas zapatillas ultraligeras diseñadas expresamente para correr sobre superficies de alta tecnología. Desde el minuto uno de su historia competitiva ha recibido el mejor entrenamiento que jamás ha existido.





Viaja a las competiciones en avión con su propio cocinero, que le prepara comidas magras y nutritivas. El mejor momento del «Rayo» Bolt ha coincidido con el auge de los esteroides en el deporte. Él jamás ha dado positi­­vo, pero la sospecha se cierne sobre muchos superatletas olímpicos de su generación. Bolt se quedó sin la medalla de oro que obtuvo como relevista en los Juegos Olímpicos de 2008 cuando un compañero de equipo dio positivo en los análisis.



Owens, que ganó los 100 metros lisos con un tiempo de 10,3 segundos en los Juegos Olímpicos de 1936 –una de las cuatro medallas de oro que se puso al cuello en Berlín–, corre con zapatillas de cuero. Bolt hace unas salidas de vértigo desde unos tacos ultrasofisticados, mientras que Owens tiene que cavar sus propios «tacos de salida» en la ceniza con una palita de jardinero.



Owens, nacido en Alabama, creció en unos Estados Unidos segregados, con pocas de las ventajas de las que disfrutan los deportistas actuales. Para viajar a Berlín, él y otros atletas estadounidenses tuvieron que hacer una travesía de varios días a bordo de un transatlántico.



Usain Bolt, que batió el récord de los 100 metros lisos con 9,58 segundos en 2009 y se retiró el año pasado, sigue siendo etiquetado como el hombre más rápido del mundo. ¿Pero en cuánto aventajaba, realmente, a los velocistas de élite de generaciones anteriores como Owens?

Más lejos, más rápido, más alto

Dejando a un lado el tema de las sustancias destinadas a mejorar el rendimiento, ¿cuánto hemos avanzado en nuestro eterno intento de llegar más lejos, más alto y más rápido? ¿Y qué estamos descubriendo sobre las aportaciones de la tecnología y los nuevos métodos de entrenamiento a la hora de llevar más allá los límites del rendimiento humano?


En 2014 el periodista deportivo David Epstein demostró en una charla TED que si Owens hubiese corrido sobre la misma superficie que Bolt, su mejor marca en los 100 metros (10,2 segundos) –anotada poco antes de los Juegos de 1936– podría haberse quedado a una zancada de la marca de Bolt (9,77 segundos) en el Mundial de 2013.

¿Cuánto hemos avanzado en nuestro eterno intento de llegar más lejos, más alto y más rápido?



En las ocho décadas transcurridas desde las históricas victorias de Owens, las mejoras en los entrenamientos, análisis, técnicas, equipaciones y materiales han ayudado a los atletas a ser mejores, más rápidos, más fuertes y más precisos. Pero los investigadores creen que todavía no hemos alcanzado el límite de lo humanamente posible.



Peter Weyland, que dirige el Laboratorio de Rendimiento Locomotor de la Universidad Metodista del Sur en Dallas, Texas, y es uno de los expertos en biomecánica del esprint más importantes del mundo, afirma que no se pueden descartar mejoras sustanciales en las marcas de las carreras de los 100 y 200 metros y de las maratones. Su laboratorio utiliza videoanálisis de alta velocidad para estudiar la técnica de los velocistas en busca de resquicios que les permitan mejorar su eficiencia y, por ende, su velocidad.





Weyland forma parte de un equipo encabezado por el científico deportivo del Reino Unido Yannis Pitsiladis, empeñado en batir la barrera maratoniana de las dos horas. Para ayudar a los atletas a pulverizar marcas, los investigadores se concentran en una serie de áreas clave: fisiología, nutrición, biomecánica, medicina, mo­nitorización en tiempo real y entrenamiento. Este tipo de conocimiento científico «permite mejorar el rendimiento», asegura Weyland.



Y para ayudarlos a superar legalmente los límites del rendimiento, se están testando nuevas técnicas y nuevos equipos, midiendo los resultados con métodos novedosos y monitorizando la nutrición y la salud física y mental de los deportistas.

Usain Bolt, que batió el récord de los 100 metros lisos con 9,58 segundos en 2009 y se retiró el año pasado, sigue siendo etiquetado como el hombre más rápido del mundo, pero ¿en cuánto aventajaba, realmente, a los velocistas de élite de generaciones anteriores como Owens?



¿Recuerda ese pase formidable de su futbolista favorito? Quizás haya nacido de una máquina de entrenamiento llamada «el Futbonauta», que lanza balones al jugador variando la velocidad y el ritmo, obligándolo a controlar el esférico y co­­larlo en una abertura determinada.

¿Y la bola curva que lanzó aquel beisbolista? Hace 50 años los entrenadores simplemente observaban al lanzador para ver cómo lo hacía. Ahora entrenar es una mezcla de visionar grabaciones y estadísticas con un pellizco de aquella intuición de la vieja escuela. Y los entrenadores pueden co­­nocer al instante la velocidad de un lanzamiento.

El debate sobre el rendimiento humano lleva aparejado una señal de advertencia muy necesaria. ¿Podemos dar crédito a lo que vemos? En 1988 nos maravilló el esprint con el que el canadiense Ben Johnson batía el récord del mundo de los 100 metros… hasta que dio positivo por dopaje. Fue despojado de su medalla de oro y expulsado de los Juegos Olímpicos de verano de Seúl. La era de los esteroides no ha perdido fuelle en estos 30 años; el ciclista estadounidense Lance Armstrong, su compatriota y estrella de la pista Marion Jones, la delegación olímpica rusa… la lista de infractores no acaba aquí. Pero centrémonos en el aspecto positivo de la tecnología deportiva, que también ha revolucionado el entrenamiento de los deportistas paralímpicos.



Danelle Umstead, esquiadora estadounidense que con una deficiencia visual ha competido en tres Juegos Paralímpicos y ganado tres medallas de bronce en un deporte en el que se alcanzan ve­­­locidades de 110 kilómetros por hora, se ha entrenado con un guía vidente en un túnel de viento que le permite perfeccionar su aerodinámica. En las carreras sigue por la pista a su compañero, con quien se comunica mediante auriculares. Entrenarse en el túnel la ha ayudado a perfeccionar su técnica para alcanzar mayor velocidad.



Mientras, entrenadores y deportistas empiezan a cuestionar viejos axiomas sobre el entrenamiento.


Desde que empezó a competir, Michael Andrew ha batido la mayoría de los récords estadounidenses de natación. Ahora tiene 19 años y 22 marcas nacionales. Él y su padre, Peter, que también es su entrenador, son defensores convencidos de un método alternativo conocido como USRPT, acrónimo en inglés de entrenamiento ultracorto a ritmo de carrera.

Michael nada distancias cortas a gran velocidad, condicionando su mente y su cuerpo para nadar siempre a ritmo de competición, mientras que tradicionalmente los nadadores de élite trabajan la resistencia con entrenamientos basados en ritmos más pausados y distancias mayores. Este método controvertido, gracias al cual Andrew es candidato a los Juegos Olímpicos de 2020, está ganando adeptos entre los entrenadores de natación de élite de todo el mundo.



«Todo lo que hacemos tiene una base científica; hay datos que respaldan lo que hacemos en la piscina –dice el nadador–. La mente y el cuerpo codifican estos movimientos como haría un ordenador. No tiene sentido entrenarse despacio cuando lo que buscas es nadar rápido».

La fondista estadounidense de 21 años Katie Ledecky, quien anunció recientemente que abandona el equipo de na­­tación de la Universidad Stanford para hacerse profesional, entrena con un método más tradicional, aunque ha utilizado la ciencia deportiva para convertirse en una de las mejores nadadoras de estilo libre del mundo.



Con cinco oros olímpicos, la mujer que en 2016 batió dos récords del mundo en los Juegos de Río de Janeiro devora los resultados de sus análisis nutricionales y hematológicos, y estudia los vídeos de sus entrenamientos y sus carreras, en busca de modos de mejorar los movimientos del brazo y la mano. Su éxito suele atribuirse a su enorme capacidad de trabajo; su verdadero secreto podría ser que posee una de las brazadas más eficientes de la natación.



Pero de nada le habría valido si no fuese una trabajadora incansable, puntualiza Bruce Gemmell, quien la entrenó para los Juegos de 2016. En los tres años previos a Río, Ledecky nadaba de 55 a 60 kilómetros a la semana, repartidos en nueve sesiones a lo largo de seis días. «Doy muchas charlas sobre la experiencia de entrenar a Katie –dice Gemmell–. Un día estuve tentado de hacer una presentación con una sola diapositiva que rezase “Katie trabaja como una mula y es dura como un roble” y pasar directamente a las preguntas».

Diferencias de entrenamiento

Dos cosas de esos entrenamientos marcaron la diferencia para Ledecky en Río. Ella quería incidir en las salidas: el lanzamiento a la piscina. Para los velocistas, esta obsesión es lógica, pues cada décima de segundo cuenta en competiciones que se deciden por una centésima arriba o abajo. Pero Ledecky es una nadadora de distancias medias y largas, famosa por finalizar las carreras muy por delante de sus competidoras.



Así y todo, «estudió un vídeo de sus salidas con la idea de ganar una décima de segundo», cuenta su entrenador. La segunda obsesión de Ledecky en los entrenamientos era la llegada de los 200 metros libres. Cuando se acercaba al final de una serie de largos de entrenamiento –en los últimos 15 metros, aproximadamente–, de pronto aumentaba el ritmo e imprimía un acelerón brutal a la patada, explica Gemmell.



«En medio de su trabajo de rutina introducía aquel cambio de ritmo, dos o tres veces por sema­­na, durante un período de entre 15 minutos y media hora, acabando así todas las repeticiones».



Y por fin llegó la prueba de los 200 metros libres de Río. Como esta era su carrera individual más corta, también sería la que se dirimiría por menor margen. En tan solo cuatro largos Ledecky no podía distanciarse de las demás nadadoras tan claramente. Sabía que el final sería crucial. En efecto, cuando las contrincantes se acercaban a la meta de la final de los 200 metros, la rival más potente de Ledecky, la sueca Sarah Sjöström, recortó su ventaja con rapidez y se puso a la altura de la estadounidense en los últimos 15 metros. Parecía que Sjöström iba imparable hacia el oro.



Pero Ledecky no pensaba perder. ¿Por qué? Porque se había entrenado muchísimo para el final de la carrera. «Cuando Sarah se le puso al lado, pensé: he visto a Katie acabar esa carrera más de mil veces. Va a ser la primera en tocar la pared». Y lo fue. «No me extraña que le saliese bien en aquella olla a presión que era Río –dice Gemmell–. Sabía perfectamente lo que hacía en los entrenamientos, cuando lo repetía una y otra vez».

Los resultados globales de la estadounidense en Río pasaron a los anales de la historia. Pero ella y Gemmell ya lo habían predicho tres años antes, cuando batió el récord del mundo de los 800 me­­tros libres. La nadadora habló con su entrenador de los tiempos que pretendía conseguir en los 800 y 400 metros libres en 2016, y escribió sus objetivos en la tabla que usaba en los entrenamientos y que llevaba consigo por el mundo entero cada vez que acudía a una competición. Su nuevo récord del mundo en 800 metros libres era 8:13,86. Su objetivo, 8:05. Parecía una locura: batir su propia marca mundial era una cosa, pero aquello suponía rebajarla ¡en casi nueve segundos!



En los tres años siguientes Ledecky se dedicó a batir una y otra vez su récord del mundo en los 800 metros libres. A principios de 2016 lo había bajado a 8:06,68. En Río arrasó y volvió a adjudicarse la plusmarca mundial: 8:04,79.


Eso hizo que Gemmell se preguntara: «¿Y si nos hubiéramos propuesto ocho minutos exactos? No sabemos cuál es el límite. Nos marcamos unos objetivos que tres años antes de Río eran inauditos. Cuando Katie los cumplió, no pude menos que preguntarme para mis adentros: “¿Por qué no habremos sido más ambiciosos?”».

Ledecky y otros superatletas de hoy tienen a su favor el paso del tiempo en sus respectivos deportes. Si buscas una foto de Mark Spitz en los Juegos Olímpicos de 1972, ves la diferencia: sin gafas, sin gorro, sin bañador hidrófugo de última generación. Incluso llevaba bigote. Por entonces las piscinas no tenían los sistemas de drenaje mejorados ni las corcheras antiolas que usan las piscinas olímpicas actuales para absorber buena parte del agua desplazada por los nadadores de las otras calles. Todo aquello frenaba a Spitz, pero en aquel momento lo ignorábamos. Así y todo, en Múnich logró siete oros.



Desde entonces las ciencias de la salud han tenido un papel importante en la vida de varias generaciones de nadadores. Gemmell narra la historia de una leve lesión de tobillo que sufrió Ledecky mientras entrenaba en el Centro de Entrenamiento Olímpico de Estados Unidos a finales de la primavera de 2016, a un par de meses de Río.


«En menos de dos horas teníamos dos opiniones médicas, una ecografía, un fisioterapeuta, un preparador físico, un entrenador de natación (yo) y otras dos o tres personas que ya habíamos revisado los datos, intercambiado impresiones y formulado un plan».



Alan Ashley, director de rendimiento deportivo del Comité Olímpico Estadounidense, afirma que la clave para romper las barreras del rendimiento es «que los atletas conserven la salud. Si no la pierden, todo lo demás cae por su propio peso». Afinales de los años sesenta, Audrey King Weisiger obtuvo el tercer puesto de patinaje artístico en la categoría ca­­dete femenina de Estados Unidos, y al año siguiente repitió puesto en la categoría juvenil.



Aprendió a saltar alto y rápido, no porque hubiese que hacerlo así, sino porque se entrenaba en una pista que apenas tenía un tercio de la superficie de una pista reglamentaria. «Si hubiese saltado a lo largo, me habría estampado contra la pared», recuerda.



Contemporánea de Dorothy Hamill, medallista olímpica de 1976, Weisiger estaba rodeada de chicas que hacían saltos dobles, así que en las competiciones se limitaba a ellos pese a que en los entrenamientos llegaba a hacer triples. A diferencia de las patinadoras de hoy no se entrenaba con pesas, no hacía pilates y no le preocupaba la nutrición.


A finales de los años ochenta y noventa Weisiger, convertida para entonces en entrenadora internacional de primera categoría, enseñó a su alumno Michael Weiss a ejecutar saltos dobles y triples… y al final, cuádruples. Weiss acabó compitiendo en dos Juegos Olímpicos, ganó tres títulos nacionales y dos bronces en sendos mundiales.



Weisiger grababa los saltos de Weiss en lo que hoy sería una videocámara vintage, ponía la cinta VHS en un reproductor conectado a un televisor y lo arrastraba en un carrito hasta la misma pista de hielo para visionarlos con su alumno. A continuación volvían al trabajo. «Lo veíamos, pero todavía no teníamos forma de medirlo –recuerda Weisiger, riendo–. Yo decía: “Creo que de altura va bien”, y listo, allá íbamos a ensayarlo de nuevo».



Hoy, mientras charlamos, toca su iPhone y abre una aplicación llamada Vert. «Si te pongo un cinturón con un sensor y saltas, el teléfono me dirá qué altura has alcanzado, lo cual sería el inicio de una conversación entre tú y yo sobre la conveniencia de intentar un cuádruple», me dice. Más tarde me envió fotos de los giros uno, dos, tres y cuatro de un salto cuádruple, con un temporizador en la parte inferior que indicaba que el proceso había durado 0,68 segundos.


Ensayar estos saltos puede ser peligroso. Aterrizar una y otra vez sobre el hielo puede traducirse en lesiones capaces de poner fin a una carrera. Por ese motivo los entrenadores llevan décadas amarrando a sus alumnos a un arnés sujeto a lo que parece una sofisticada caña de pescar. En 50 años Weisiger había progresado de aprender a base de instinto a consultar en el móvil qué altura ha alcanzado un patinador y cuánto tiempo ha estado en el aire mientras ejecutaba un cuádruple.



Gracias al progreso tecnológico los entrenadores pueden enseñar a sus patinadores la teoría física que subyace a los saltos, pero hay algo más, puntualiza Weisiger. «¿Por qué Dorothy Hamill no hacía saltos triples? –pregunta–. Porque no le hacía falta. En cuanto las mujeres se lanzaron a probar triples, todas tuvieron que hacerlo. Es como todo: la competencia te hace ir más allá».



El pasado mes de febrero en Pieonchang, Corea del Sur, la rusa Alina Zagitova, campeona olímpica de patinaje artístico, ejecutó siete saltos triples en su programa libre.

Aveces el progreso deportivo no es más que la consecuencia del fuego competitivo que arde en un atleta.


A simple vista, el salto que acababa de presenciar en el Estadio Nacional de Tokio durante el Mundial de atletismo de 1991 me pareció una barbaridad.



Llevaba más de una hora observando a los mejores saltadores de longitud del mundo, pero el salto del estadounidense Mike Powell era claramente distinto. La tecnología confirmaría lo que me decían mis ojos. El récord individual más legendario y aparentemente imbatible de los deportes olímpicos, que llevaba vigente 23 inconcebibles años, acababa de ser hecho trizas.



Mi fascinación por el progreso del rendimiento deportivo no nació aquella calurosa y húmeda tarde de agosto, pero sin duda alguna se reforzó. Cinco centímetros de más o de menos quizá no tengan importancia para nuestra vida cotidiana, pero son exactamente la distancia que separa los 8,90 metros del emblemático salto de Bob Beamon en los Juegos Olímpicos de México de 1968 y los 8,95 que saltó Powell aquella noche en Tokio.



Han pasado los años, pero aquel instante aún me fascina. ¿Por qué? Con todo lo que pueden aportar la ciencia, la informática y las grandes mentes pensantes para que los humanos ganemos velocidad, altura y fuerza –y porque un deporte como el atletismo ha pasado de pistas de ceniza a superficies sintéticas, de calzado rudimentario a famosas marcas de zapatillas en constante competencia–, la superación de un récord seguía estribando en el trabajo de un solo ser humano. El deporte actual está lleno de científicos, entrenadores y atletas que cuantifican el progreso con herramientas analíticas, pero aquella noche el avance del rendimiento humano tenía un rostro y un nombre: Mike Powell.



Cuando un instante del deporte pasa a la historia, a veces no hay detrás un relato épico. En aquel caso simplemente ocurrió que a un atleta le escocían los éxitos de otro y se propuso ganarlo.



Hace poco pedí a Mike Powell que reviviese con­­migo aquel momento desde el sur de California. Aquella noche no hubo ningún factor científico determinante, me dijo. Me contó que había batido el récord porque lo azuzaba un rival. El gran Carl Lewis, considerado por la mayoría como el mejor saltador de longitud de la historia, también estaba en la pista. Lewis nunca batió el récord del mundo, pero sin saberlo ayudó a Powell a pulverizarlo. «Ahora quiero mucho a Carl, pero entonces lo odiaba –dijo Powell–. Competir contra él me daba un subidón de energía».



Justo antes de que Powell realizara su salto histórico, Lewis había logrado el salto más largo de la historia, superando el de Beamon por 0,63 centímetros. Pero el viento a favor excedía el límite tolerado, de modo que la marca no contó.



Han pasado casi 30 años, pero Powell no consigue sacarse aquella imagen de la cabeza. «Pasó corriendo por delante de mí, con el puño apretado. Aquello me puso frenético. Ya era algo personal. Yo siempre había sido el niño flacucho con el que todos se metían, y de pronto volvía a pasarme. Solo que por fin podía hacer algo al respecto. Mi cuerpo se impuso e hizo lo que tenía que hacer».



Powell sigue ostentando el récord del mundo que obtuvo con aquel salto increíble. «Carl puso el listón altísimo –me dijo Powell–. Sabía que para vencerlo tenía que batir el récord del mundo».



He aquí el rendimiento humano en su versión patio de colegio. Y la prueba del gran poder que tiene la mente.


«No creo que hasta ahora hayamos sabido explotar el potencial del cerebro –afirma Gemmell, el entrenador olímpico de Ledecky–. Ese es el camino de los próximos 30 años: cómo entrenar la mente igual que entrenamos el cuerpo. De ahí van a salir las próximas revoluciones».

Original enclosures:







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Una enzima hace brillar con luz propia a los gusanos de fuego de las Bermudas

Una enzima hace brillar con luz propia a los gusanos de fuego de las Bermudas:

EFE

  • La primera vez que se documentó la luminosidad de este insecto fue en la travesía de Cristóbal Colón para descubrir América.
El gusano de fuego de Bermudas

Los conocidos como gusanos de fuego del archipiélago atlántico de Bermudas, famosos por la luminosidad que desprenden, vuelven a atraer la atención de la comunidad científica después de divulgarse un estudio que revela que la luz que emanan es consecuencia de una enzima.

Científicos del Museo de Historia Nacional de Estados Unidos descubrieron, gracias a estudio genético, que la luminosidad que desprenden es consecuencia de la enzima luciferasa que es liberada durante el proceso reproductivo de estos pequeños seres vivos. La enzima, que se puede encontrar también en insectos como las luciérnagas, actúa de una manera distinta en los gusanos de fuego, que disponen de una proteína inexistente en los procesos luciferinos de otras especies similares.

Según Michael Tessler, quien participó en el estudio llevado a cabo por el Instituto Sackler de Genomas del Museo de Historia Nacional de Estados Unidos, el descubrimiento podría ser de utilidad para futuras investigaciones relacionadas con la medicina. "Puede ser realmente útil para detectar moléculas en la investigación biomédica", indicó el científico.

La luminosidad que desprenden los gusanos de fuego de Bermudas no es un hecho que se conozca recientemente, ya que está documentado por vez primera en el siglo XV, cuando en el año 1492 Cristóbal Colón describió este curioso fenómeno de la naturaleza. El fenómeno fue aclarado en la década de los años treinta del siglo XX, cuando los científicos establecieron que se debe por el apareamiento de los gusanos de fuego (Odontosyllis enopla) de Bermudas, que también pueden encontrarse en zonas cercanas a ese archipiélago atlántico y en algunas áreas del Caribe.

Mark Siddall, de la División de Zoología de Invertebrados del museo y participante en el estudio, indicó sobre este curioso proceso que se produce cuando las hembras salen del fondo y nadan rápidamente en pequeños círculos hacia la superficie.

La reseñas históricas indican que en la noche del 11 de octubre de 1492 fueron vistas luces desde la cubierta de la Santa María por Cristóbal Colón antes de su histórico desembarco en la isla de el Salvador, conocida hoy como isla Watling, en el Atlántico, a la altura de las Bahamas.

Las luces se describieron como "la llama de una vela pequeña que se alzaba y se bajaba alternativamente", un misterio sin explicación inicial que gracias a la ubicación geográfica y la altura del año y duración del evento coinciden con los procesos reproductivos bioluminiscentes de la especie Odontosyllis enopla. Los científicos piensan que esta especie puede servir como un modelo para estudiar la evolución en la familia de genes de luciferasa.







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Supertareas estocásticas

Supertareas estocásticas:



En este vídeo de las Infinite Series (serie que por degracia ya terminó) Kelsey Houston-Edwards explica algunas cosas sobre las supertareas que son una forma un tanto filosófica –más que nada porque son imposibles en la práctica– de presentar una solución a un problema resolviendo una secuencia infinita de pasos en un tiempo finito.

Es algo parecido a lo de la paradoja de Zenón con Aquiles y la tortuga: el problema se puede ver desde muchos ángulos pero la presencia de los infinitesimales y los infinitos desafía a nuestra intuición: lo que parece una paradoja no es tal –en la práctica– y las cosas son más simples de lo que parecen y se pueden calcular.

Un excelente ejemplo al respecto a mi parecer es el de la paradójica lámpara de Thompson:

Tenemos una lámpara encendida. Al cabo de una hora la apagamos, media hora después la encendemos, un cuarto de hora más tarde la apagamos de nuevo, un octavo de hora después la encendemos otra vez, y así sucesivamente. Alternamos la lámpara encendida y apagada en intervalos cada uno la mitad de largo que el anterior. Todo el proceso acabará en dos horas:



1 + 1/2 + 1/4 + 1/8 + 1/16 + ... = 2



La pregunta inquietante viene ahora. Al cabo de esas dos horas, ¿la lámpara estará encendida o apagada?
En los ejemplos que utiliza Houston-Edwards se utiliza una urna en la que introducen y sacan bolas en unos momentos muy determinados: un minuto antes del medio día, medio minuto antes, un cuarto de minuto antes… produciéndose cosas un tanto «raras» como que:

  • Si metes 10 bolas numeradas de 1 al 10 y quitas la del número más bajo, luego metes otras 10 del 11 al 20 y vuelves a quitar la del número más bajo, etcétera al completarse la tarea no quedan bolas (aunque estás metiendo 10 bolas por cada una que quitas).
  • Sin embargo si metes 10 bolas del 1 al 10 y quitas el 10, y sucesivamente sólo los múltiplos de 10, al completar la tarea el número de bolas que quedan es infinito.
  • El caso más complicado de analizar es cuando se meten las 10 bolas cada vez y se quita una al azar, pero con cálculos probabilísticos se puede ver que el resultado también es cero.
En otras palabras: cuando se hacen cosas con objetos en el infinito suceden cosas muy raras, y a veces incluso el orden en que se hagan influye en el resultado.

Como explica la presentadora sucede un poco como cuando se lanza un dardo a una diana al azar: la probabilidad de acertar en un punto infinitesimal concreto es cero (porque su tamaño es cero), pero como el dardo acaba clavado en algún lugar y dentro de la diana se puede calcular que –por ejemplo– con el 50% de probabilidad estará en la mitad superior y con el otro 50% en la mitad inferior.

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Estos serían los precios de las GeForce RTX 2080 y RTX 2080 Ti en México, las nuevas bestias gráficas de Nvidia

Estos serían los precios de las GeForce RTX 2080 y RTX 2080 Ti en México, las nuevas bestias gráficas de Nvidia:

RTX 2080

Nvidia se llevó la mayoría de reflectores durante la semana. El famoso fabricante anunció su nueva generación de tarjetas gráficas de gama alta para el mercado de consumo, sus nombres son RTX 2080 y RTX 2080 Ti.

Durante la conferencia del pasado lunes no se proporcionó ningún detalle sobre la venta de estas GPU's en México, pero tan solo unos días después ya conocemos los precios de los primeros modelos personalizados por fabricantes que se lanzarán en nuestro país.

Recordemos que como en otros lanzamientos, estas tarjetas tendrán una versión llamada Founders Edition fabricada por la misma Nvidia y un montón de otros modelos en donde diferentes fabricantes adaptarán sus propios sistemas de refrigeración y diseños.

Rtx 2080 Ti

Estos últimos al parecer serán la primera opción con la que los usuarios de México podrán disfrutar de las nuevas creaciones de Nvidia. Navegando por diversas tiendas en línea de México, ya se han listado modelos RTX 2080 y RTX 2080 Ti personalizados por EVGA, sus precios son los siguientes:

Como vemos, hay una ligera diferencia entre los precios de DDTech y Digitalife, sin embargo, ambos nos dan claras pistas de los costos en los que comercializarán estas tarjetas en la mayoría de tiendas. La RTX 2080 en unos 16,500 pesos y la RTX 2080 Ti en 25,000 pesos.

En los EUA las RTX 2080 y RTX 2080 Ti tendrán un costo de 799 dólares y 1199 dólares respectivamente, que al cambio se traducen a 15,100 pesos y 22,700 pesos. Precios no tan alejados en los que encontramos los modelos personalizados en México.

Rtx En Mexico

Estas nuevas GeForce RTX Serie 20 son la última joya de la corona de Nvidia, tarjetas gráficas con la nueva arquitectura Turing que promete tener un rendimiento seis veces más rápido que Pascal y capaces renderizar en tiempo real usando la técnica Ray Tracing a una velocidad de 10 Giga Rays/segundo.

Según benchmarks de la misma Nvidia, la RTX 2080 dobla en rendimiento a la GTX 1080, este es un ejemplo de lo que podrían llegar a hacer con las iluminaciones y reflejos:


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Estos serían los precios de las GeForce RTX 2080 y RTX 2080 Ti en México, las nuevas bestias gráficas de Nvidia

fue publicada originalmente en

Xataka México

por
Rodrigo Garrido

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La lenta muerte de Windows 8, ¿sería mejor que Microsoft acabase con él de una vez?

La lenta muerte de Windows 8, ¿sería mejor que Microsoft acabase con él de una vez?:



La mayoría de personas que utilizan Windows lo hacen en sus versiones 7 y 10; sin embargo, hay un pequeño porcentaje que sigue haciendo uso de Windows 8.1.

En este sentido, Microsoft no trata de ocultar su desinterés por la versión 8.1; ésta se encuentra en fase de soporte extendido. Si tan poco les importan los usuarios que usan esta versión, ¿por qué no la cierran definitivamente y dejan de marear la perdiz?

No habrá nuevas apps para Windows 8.1

La compañía ha anunciado en su blog que Microsoft Store, a partir del 31 de octubre de 2018, dejará de aceptar nuevas aplicaciones para Windows Phone 8.x (o versiones anteriores) y para Windows 8 y 8.1. Desde ese momento, solo se admitirán paquetes de actualización de las ya existentes.

Microsoft también dejará de distribuir las actualizaciones de apps para dispositivos con Windows Phone 8.x o versiones pasadas a partir del 1 de julio de 2019. Lo mismo ocurrirá a partir del día 1 de julio de 2023 para dispositivos con Windows 8 o 8.1.



Microsoft

Muerte de Windows 8.1

La multinacional ha señalado que estas acciones responden al “ciclo de vida”; aunque, otros lo calificarían acertadamente como muerte absoluta. Son muchos los que se preguntan la razón por la que Microsoft no es rotunda en estos casos.

Tanto Windows 8 como 8.1 han sido un total fracaso, quizás la compañía debería aceptarlo y dejarse de rodeos. ¿Qué pretenden con estas modificaciones? Obviamente, que los usuarios de dichas versiones afectadas migren a Windows 10. A este ritmo, estas personas serán directamente obligadas a instalarlo o su ordenador dejará de encenderse.

Solo el 7,36% de los usuarios emplea Windows 8.1

Los datos de StatCounter indican que actualmente la versión de Windows con mayor número de usuarios es Windows 10 con un 48,25%; seguido de Windows 7 con un 38,65% de los usuarios; mientras que la versión 8.1 (7,36%) y 8 (2,07%) acumulan un 9,43% entre ambas.



StatCounter
Windows XP es empleado por el 3% de los usuarios, cifra curiosa ya que se lanzó hace 17 años. En el último lugar se encuentra Vista con un 0,6%. Los números lo dicen todo, Windows 10 y 7 acaparan el 86,9% de usuarios; mientras, el resto de versiones se mantiene en el olvido.

Microsoft quiere que todos usen Windows 10

El anuncio de Microsoft no coge a nadie por sorpresa, en el pasado se han hecho cosas similares. La compañía ya realizó un post justificando que los procesadores de última generación no están preparados para versiones diferentes a Windows 10. Sí, o actualizas a 10 o te quedas sin tu nuevo procesador.

De todos modos, Windows 8.1 dejó de formar parte del soporte estándar desde el 1 de enero de este año. En el caso de Windows 7, ocurrió el 13 de enero de 2015. A partir de dichas fechas, ambas versiones pasaron al soporte extendido, recibiendo solo actualizaciones de seguridad, pero nada de novedades.


Microsoft

Más importancia a Windows 7

Con todos estos datos pueden deducirse las intenciones de Microsoft. Como es obvio, es una empresa y realmente puede hacer lo que le venga en gana; pero, quizás les viniera bien tener en cuenta la opinión de sus usuarios.
Si tan pocos usuarios usan Windows 8 o 8.1, directamente podrían eliminar Windows 8 y tendrían un problema menos. En cambio, si tantos disfrutan de Windows 7, aunque éste haya sido abandonado, ¿por qué no cuidarlo más y hacer caso a sus clientes?
Foto destacada: Microsoft.

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Fitbit anuncia su pulsera más avanzada hasta ahora, la Fitbit Charge 3

Fitbit anuncia su pulsera más avanzada hasta ahora, la Fitbit Charge 3:

Con una batería que dura hasta una semana, la Fitbit Charge 3 es anunciada oficialmente.

Habían pasado dos años desde que no veíamos una actualización en esta serie y ya era hora.

La marca se había concentrado en sus relojes inteligentes, con resultados bastante buenos, pero con este segmento, el de las pulseras, algo abandonado.

Dentro de sus novedades se encuentran que ahora es resistente al agua, por lo que puedes medir tu nado, tanto en agua dulce como salada.

Además, su pantalla OLED cubierta en Gorilla Glass 3 es un 40% más grande que su antecesora.

El software ha sido renovado y es bastante más simple de usar, pero a la vez con más opciones para más tipos de actividades.

Otro dato interesante es que es capaz de medir la saturación de oxígeno en la sangre, en conjunto con la frecuencia cardiaca, por lo que la medición del sueño, por ejemplo, ahora es mucho más completa y capaz.

La Fitbit Charge 3 estará disponible a un precio de CLP $139.990 y sus accesorios se encontrarán en un rango de CLP $26.990 a CLP $31.990. Pronto también se podrá encontrar la edición especial con NFC a un precio de CLP $159.990.

El nuevo vestible estará disponible en Europa y el continente americano a partir de cctubre 2018 y en la región Asia Pacífico en Noviembre 2018. En Chile se encontrará disponible en Falabella, París, Ripley y Sparta. Apenas tengamos información sobre su disponibilidad en México y Colombia, se los haremos saber.


Original enclosures:







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Tenemos nuevos detalles de RealDoll X, el robot sexual con "inteligencia artificial", que estará disponible en Septiembre

Tenemos nuevos detalles de RealDoll X, el robot sexual con "inteligencia artificial", que estará disponible en Septiembre:

Realdoll X

En abril de este 2018 se hizo oficial el lanzamiento de la RealDoll X, la que será la primera muñeca sexual robótica con inteligencia artificial. En aquel entonces sólo se abrió la reserva de la muñeca, con precios que llegan a superar los 20.000 dólares, y hoy finalmente sabemos cuándo comenzarán los envíos y algunos detalles de su funcionamiento, incluido su inquietante 'Modo X'.

lunes, 20 de noviembre de 2017

La FDA acaba de aprobar una píldora con sensores en ella por primera vez


La era de las píldoras digitales está aquí. Esta semana, por primera vez, la Administración de Alimentos y Medicamentos aprobó una píldora con sensores incluidos para informar a los médicos con qué frecuencia se tomó el medicamento.

La FDA dijo que el fármaco antipsicótico atípico Abilify MyCite fue el primer medicamento que aprobó con un "sistema de seguimiento de ingestión digital" para registrar si el medicamento realmente se había ingerido.

"El producto está aprobado para el tratamiento de la esquizofrenia, el tratamiento agudo de los episodios maníacos y mixtos asociados con el trastorno bipolar I y para su uso como un tratamiento complementario para la depresión en adultos", escribió la FDA. Dijo que la píldora funcionó al transmitir información desde un sensor interno a un "parche portátil", que luego envía datos a una aplicación de teléfono inteligente o a médicos que monitorean el progreso de sus pacientes.

En el comunicado, la FDA señaló que, aunque había aprobado Abilify MyCite, "no se ha demostrado la capacidad del producto para mejorar el cumplimiento del paciente con su régimen de tratamiento". Agregó que la detección puede ser imperfecta ya que "la detección puede retrasarse o puede no ocurrir."

La píldora genera una señal eléctrica cuando se salpica con ácido estomacal y contiene cobre, magnesio y silicio, que son "ingredientes seguros que se encuentran en los alimentos", señaló el New York Times. Los pacientes deben firmar un formulario de consentimiento antes de compartir cualquier información.

Hay buenas razones en cuanto a por qué hacer un seguimiento de si las personas que viven con esquizofrenia toman su medicación podrían ser útiles. Las personas con el trastorno enfrentan una cantidad indebida de estigma social, principalmente debido a una percepción popular injusta de que son bombas de tiempo que marcan la violencia, pero sigue siendo una condición grave que sin tratamiento puede conducir a resultados negativos como el abuso de sustancias o la victimización por otros. Los medicamentos antipsicóticos son relativamente seguros y efectivos, y el tratamiento es importante para la salud, la seguridad y la calidad de vida de las personas con esquizofrenia y sus amigos y familiares. Los estudios sugieren que el incumplimiento de la prescripción, en general, le cuesta a los EE. UU. Al menos $ 100 mil millones al año.

Sin embargo, tampoco es difícil ver cómo esta tecnología podría funcionar mal. Una píldora equipada con sensores permitirá que cualquiera con acceso a los datos sepa exactamente con qué frecuencia alguien está tomando sus medicamentos. Los datos médicos aún están ostensiblemente protegidos, pero los grandes datos comercializan cada vez más registros semianónimos que pueden usarse para revelar información sobre pacientes individuales. Imagine a los anunciantes que saben exactamente con qué frecuencia toma sus antidepresivos, píldoras para bajar de peso o tratamientos de ETS, o que su compañía de seguros monitoree cuán estrictamente usted sigue los regímenes de tratamiento y usa esa información para aumentar sus primas.

El Dr. Paul Appelbaum, director de derecho, ética y psiquiatría de la Universidad de Columbia, dijo al New York Times que también se preguntaba si la esquizofrenia era un buen lugar para comenzar, dado que está asociada con delirios paranoicos.

"¿Un sistema que controlará su comportamiento y enviará señales de su cuerpo y notificará a su médico?", Preguntó. "Uno pensaría que, ya sea en psiquiatría o en medicina general, las drogas para casi cualquier otra condición serían un mejor lugar para comenzar que un medicamento para la esquizofrenia".

De cualquier manera, bueno, ¡medicinas  inteligentes! Esto es algo que, hace unas décadas, sonaba a ciencia ficción. Pero pronto su médico podrá saber si realmente tomó su medicina, o si simplemente tomó dos y dejó el resto en su gabinete, o si tiene la tendencia de atesorar las cosas y tomarlas los viernes por la noche.


Vía: Gizmodo

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sábado, 4 de noviembre de 2017

Veinte nuevos mundos habitables encontrados


Los exoplanetas recién descubiertos se encuentran dentro de la zona habitable, a una distancia física de una estrella anfitriona que respalda la existencia de agua líquida y, potencialmente, de vida, estos 20 exoplanetas podrían ser los más prometedores.

El sentido común puede encontrar extraño que los exoplanetas habitables del tamaño de la Tierra sean un fenómeno bastante común. Sin embargo, un estudio afirma que las observaciones hechas por la nave espacial Kepler muestran una de cada cinco estrellas similares al sol que lucen un planeta similar a la Tierra dentro de la "zona habitable" de la estrella, un anillo de espacio cuya distancia de la estrella anfitriona indica el potencial de Agua líquida. Los análisis recién publicados de las observaciones de Kepler desde su primera misión respaldan esta alta probabilidad con el descubrimiento de 20 mundos potencialmente habitables. Estos planetas aún no se han confirmado como habitables y requerirán investigación y observación adicionales, pero son significativamente prometedores.

De estos 20 mundos "nuevos", muchas estrellas en órbita no se diferencian del Sol. De entre éstos, el planeta con la órbita más larga tiene 395 años, del año terrestre, mientras que el más corto rodea su estrella en 18 días terrestres. Otros planetas habitables que se encuentran alrededor de estrellas mucho más pequeñas suelen tener "años" mucho más cortos que los que se encontraron en los datos de Kepler.

El planeta con un "año" de 395 días terrestres, llamado KOI-7923.01, es a primera vista parecido a la Tierra. Con una estrella similar a la nuestra y una ubicación dentro de la zona habitable, los científicos están de acuerdo en que, de estos 20 planetas descubiertos, este candidato es el que tiene más probabilidades de tener agua líquida y soportar formas de vida significativas. En palabras de Jeff Coughlin, un líder del equipo de Kepler que ayudó a encontrar estos planetas, "si tuvieras que elegir uno para enviar una nave espacial, no es una mala opción".

Como se dijo anteriormente, estos 20 planetas aún no se han confirmado legítimamente como habitables. La región en la que se encuentran estos planetas fue observada por la nave Kepler durante cuatro años, y debido a que muchos de los planetas tienen órbitas tan largas, es probable que solo se hayan observado una o dos veces. Esta es también la razón por la cual, aunque los planetas en cuestión fueron "vistos" durante la primera misión de Kepler, ahora solo se están anunciando. Sin embargo, Coughlin asegura que con el Telescopio Espacial Hubble pueden hacer observaciones en los próximos años para confirmar lo que actualmente sospechan, y explorar más a fondo estos cuerpos planetarios.



Una vez que los conjuntos de datos y observaciones adicionales se compilan con los datos existentes de Kepler, los científicos pueden determinar más formalmente si estos planetas, especialmente KOI-7923.01, merecen nuestro júbilo colectivo. Se han encontrado planetas prometedores dentro de zonas habitables, pero estos candidatos podrían tener una importancia astronómica especial. Abel Méndez, director del Laboratorio de Habitabilidad Planetaria en el Observatorio de Arecibo, relaciona el significado de estos nuevos planetas candidatos con sus órbitas similares a la Tierra y sus estrellas anfitrionas similares al Sol.


Vía: Futurism

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jueves, 2 de noviembre de 2017

El Alzheimer puede no comenzar en el cerebro



Durante años, los expertos pensaron que el Alzheimer, una enfermedad neurodegenerativa progresiva, se originaba en el cerebro. Después de todo, es el órgano que sufre la paliza: las proteínas se acumulan en el cerebro, formando placas o nudos que dañan la función celular.

Y según la hipótesis que consulte, el daño crítico que inicia los síntomas proviene de las proteínas beta amiloideas, los sospechosos tradicionales o las proteínas tau, una elección relativamente nueva pero cada vez más popular para los posibles culpables.

Recientemente, sin embargo, han surgido estudios que sugieren que otros sistemas corporales, como el intestino, podría desempeñar un papel nada despreciable en el inicio de la enfermedad. Y ahora, un nuevo artículo publicado en Molecular Psychiatry, apoya esa línea naciente de pensamiento al afirmar que nuestra sangre también podría ser un jugador.

Un equipo internacional de investigadores trabajó con dos grupos de ratones: el primero fue modificado genéticamente para producir altos niveles de un beta-amiloide humano específico y el segundo fue normal y saludable. Luego, el grupo se unió quirúrgicamente a los ratones sanos con los ratones enfermos, una técnica llamada parabiosis, para que los dos compartan suministros de sangre en cualquier lugar de dos meses a un año.

Uno de los autores del artículo, Weihing Song, profesor de psiquiatría de la Universidad de Columbia Británica, explica que los ratones que intercambiaron sangre durante al menos cuatro meses,  los síntomas del Alzheimer comenzaron a surgir en los ratones sanos porque el beta-amiloide viajaba desde la sangre de su compañero enfermo hasta llegar a sus cerebros normales. Si bien los expertos sabían que otras partes del cuerpo producen beta-amiloide, todo este tiempo, en gran medida pensaron que las acumulaciones que vemos en los pacientes con Alzheimer se originaron en las células del cerebro. Estos resultados arrojan luz sobre el hecho de que la proteína puede llegar al cerebro desde otras áreas y tener un impacto en el desarrollo y la progresión de la enfermedad.

Esta realización debería ayudar a los investigadores a tener en cuenta cómo el cuerpo en su totalidad afecta la enfermedad de Alzheimer. "Hay tanta reducción del enfoque en el cerebro", dice Song, "pero también tenemos que pensar en otros sistemas".

Vía: Discover Magazine

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